Tengo treinta tacos y vivo como un joven de veinte, pero con la crisis de un pureta de cuarenta. La economía española irá muy bien, pero la mía no me permite desprenderme del disfraz de Peter Pan y echar a volar. Así que vivo en el enjambré familiar, clausurado en mi celda con carteles, recortes de prensa y botellas de cerveza vacías como a los dieciocho; la cual cosa describe mejor que cualquier palabra mi lamentable situación. En ocasiones quisiera descargar metal sobre las entrañas de la sociedad y oler los restos de la lluvia de napalm a la salida del sol.


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