Después de ser reemplazado por otro no hay peor desgracia que enamorarte de alguien a quien no le podrás gustar nunca. Esto me hace recordar las aventuras deafortunadas del gato del perro del vecino, un asqueroso boxer que iba detrás de una gata negra que frecuentaba las calles del barrio porque una jodida anciana le dejaba comida. El perro cuando la veía se ponía a mil e iba tras ella con ganas de una sesión de mete y saca, pero la tipeja pasaba de él con olímpico arte.
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