París Hilton me recibe en su loft de 500 metros cuadrados situado en plena calle Hospital de Barcelona. Tras un par de besos y una ligera subida de tensión al comprobar que el tanga negro de la Hilton es negro me hace pasar a una pequeña y modesta biblioteca en la que se alojan las obras completas de Tomás de Aquino, Duns Escoto y otros escolásticos. Sobre la mesa, la única mesa de la estancia, una mesa estilo Luís XV con una ligera mancha de lefa en la superficie, se encuentra abierto el Ars Rhetorica de Aristóteles.
- No sabía qué te interesaba la filosofía –Le digo mientras sigo pensando en el tanga negro-.
- Sí, me interesa fundamentalmente la tradición aristotélico-tomista, muy superior a la visión de Descartes, Hegel o Nietzsche. Realmente la gente no lee, sino sabrían que Aristóteles y Aquino son mucho más críticos con el liberalismo que Marx.
- Anda, ¡También pintas! – Le pregunto mientras observo una obra inacaba al temple sobre lienzo-.
- Sí. Estoy haciendo una recreación personal de El Nacimiento de Venus de Botticelli, me encanta este pintor florentino, aunque en realidad me entusiasma toda la pintura del Quattrocento.
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